El culto al disco como obra de arte mantiene en pie a las disquerías
Las cuevas discográficas aún resisten
"Estoy harto de esta disquería, algún día tiraré todos los vinilos y me iré a trabajar a una mega tienda de discos Virgin", explica Rob Gordon (John Cusack) en la película que protagoniza, Alta Fidelidad (2000). Por suerte, el personaje ficticio no abandonó su local, y las vueltas del destino provocaron que las mega disquerías de las que tanto se quejaba estén actualmente revolcándose en su tumba.
El mito dice que actualmente vivimos en una época donde hay un nuevo auge de este formato. Las principales discográficas del mundo editan en simultáneo tanto el CD como el vinilo, lo que le da al melómano la posibilidad de elegir entre dos formatos distintos.
Para Damián, dueño y vendedor de la disquería especializada desde 1983, Oid Mortales, la venta de este material vintage se sostiene por un pequeño ghetto de fetichistas que necesitan tenerlo en sus manos. "El vinilo es un producto caro y por demás hermoso, es mágico. Uno interactúa con él. Escuchar un disco de vinilo tiene un romance, es una ceremonia”, argumentó apasionadamente.
Fichi, dueño del local Rock’n Freud, explica que el crecimiento de sus ventas se debe a que se volvieron a editar en este formato en el exterior, pero, salvo en lugares selectos o en el Parque Rivadavia (lugar mítico para revolver y encontrar joyitas musicales), los vinilos aún están por detrás del CD en relación a la venta, lo cual es mucho sabiendo que el mercado musical está en decadencia. Damián aseguró que “la relación de venta entre CD y vinilo es de 20 a 1”.
A pesar de que la industria discográfica este en un punto crítico, este año gracias a las ventas de álbumes de artistas nuevos, lanzamientos de catálogos, reediciones por aniversarios, los números según la consultora Nielsen SoundScan han crecido por primera vez desde 2004. Según Fichi, el quiebre palpable lo produjo el relanzamiento del catálogo remasterizado de los Beatles. "Gracias a ellos se empezó a vender más y provocaron un gran cambio", justificó.
“El vinilo es difícil de copiar y por esa razón aumentaron sus ventas. Me contaron que las fábricas vendieron las máquinas como hierro viejo, ¡se vendieron por kilo! Una locura absoluta”, aseguró Damián. En Latinoamérica, el único taller existente está en Río de Janeiro. Había cerrado en 2007, pero al ver que el material volvía al ruedo, el sello independientes brasilero, Deckdisc, decidió reabrir la fábrica en 2010. Gracias a esta inversión, la demanda de Argentina, Chile y Brasil fue cubierta.
Cabe destacar que en nuestro país, desde hace tres años, se realiza la Feria del Disco de Buenos Aires, donde los vendedores afianzan sus lazos con los clientes. Es el lugar perfecto para comprar e intercambiar material que va desde discos de los Wawancó hasta Nirvana. “Este evento convoca a los mismos fanáticos de siempre. A las discográficas no le importa, no lo apoyan, no les interesa, y les resulta irrelevante”, aclaró Damián.
No caben dudas de que el vinilo es un objeto de culto, que muchas veces es incomprendido y hasta sobrevaluado. Sin embargo, hay que reconocer que hoy en día hasta el CD pasó a ser un bicho raro de adquirir entre tanta piratería, además del poco interés real por un artista y su creación. “Pasa por una cuestión de que la gente entienda que comprar un disco es comprar arte. Un disco es una inversión en arte. Para el que lo descarga, no es arte y no entiende nada de que es la música", disparó el dueño de Rock´n Freud. Damián, agregó que “el 70% de la gente se conecta con la música por medio de un disco pirata o a través de la radio. Esta es la principal razón por la que se confirma que la realidad del vinilo es una utopía”.
Para comprender el vicio y el disfrute que el melómano adquiere al tener su tan anhelado deseo, sólo hay que citar una frase de la novela que inspiró la película Alta Fidelidad, escrita por Nick Hornby para ser lo suficientemente gráfico: "Esta clase de vicio es como la pornografía: me sentiría culpable de aceptar su dinero, sino fuera porque soy uno de ellos".
Nota escrita junto a Nicolás Blanco
Ilustración hecha por Ariel Anglada































