LO QUE EL EGO SE LLEVÓ
Permiso... tengo reservada una función entera en esta sala. Es que traigo a mi chico que es director y si hay gente alrededor, el ego no entra en una sala llena...
Aunque pensándolo bien, muchas veces les encanta tener público para poder alzar su voz indignada ante los horrores del film en cuestión. Y juro que esos berrinches cinéfilos resultan encantadores las dos primeras veces. Después no queda otra que apelar al viejo recurso del "saqué las entradas por internet y no conseguí dos butacas juntas, qué pena..."
Están los que aman masticar pochoclo aunque la peli sea muda e iraní. Esos capaces de repetir diálogos de memoria y estallar en carcajadas ante el mínimo guiño del director. Esos siempre tienen 5 años en algún rincón del corazón. O en todo el corazón. O en todo el cuerpo. Y se abstraen de vos como si no existieras, sos casi el equivalente al círculo donde se deposita la bebida en el brazo de la butaca; estás ahí para sostenerle los pochoclos cuando se le complica quitarse la campera.
Están los que odian el sonido del pochoclo, el crujido de la bombilla de la Coca, el olor del queso de los nachos y, en síntesis, odian la comunidad de espectadores comunes en su totalidad, blandiendo un discurso lleno de improperios hacia la gente "sin formación" que concurre al cine.
Son los fascistas del séptimo arte, intolerantes, lanzadores de miradas incendiarias ante la mínima interrupción sonora, sea un ataque de tos genuino y peligroso, el desenvolvimiento minúsculo de un caramelo o la necesidad imperiosa de su vecino por ir al baño. Para estos, no sos el sostén del pochoclo, pero sí sos una especie de autómata cuya función es apoyar todas sus quejas y estar totalmente de acuerdo con las críticas al film. No se te ocurra disentir, porque ellos tienen la capacidad de esgrimir años de estudios teóricos de cine y recitar textos completos de pensadores contemporáneos que los avalan. Y de nada sirve que les digas "Bueno, a mí me gustó", porque entonces vas a terminar tomando un colectivo a las 3 de la mañana en Pompeya...
Pero ver las caritas de ambos ejemplares mientras disfrutan un film, cuando se acuerdan de que los acompañaste y te toman la mano, cuando te esperan a la salida del baño con tu saco y tu cartera en la mano, no tiene precio. Eso los hace ser nuevamente seres humanos.
Con algo de suerte, la hamburguesa post cine está más o menos potable y la película les gustó lo suficiente como para escuchar lindos elogios.
Con algo de suerte, el sexo posterior viene acompañado mentalmente por la banda sonora de Apocalypse Now y Wagner hace que esa noche sea sencillamente épica.






























